domingo, 30 de septiembre de 2012

DANIEL, EL POETA COHETE. De Manuel Rojas



“De pronto una gran sombra por la estancia se advierte…
        Todos quedamos mudos a la invisible suerte…
         Temblando, por las sombras, pasó una sombra fuerte…
           Y, todos sollozamos presintiendo la muerte…”
 José Domingo Gómez Rojas (Elegías, Editorial  Nascimiento1935)



En la memoria de José Domingo Gómez Rojas(1896-1920), y en conmemoración a los  92 años de su muerte, quién más que Manuel Rojas  lo puede  mostrar al mundo;  amigo personal del poeta, aprendiz y oyente de éste, tal cual como lo describe en "Sombras contra el muro" Manuel  desde su llegada de Argentina  a principios del siglo XX  participó  junto a Gómez Rojas  activamente  en  la difusión de ideas anarquistas, en el  Centro de Estudios  Sociales Francisco Ferrer, “ cuando apareció  en el salón…Chumingo,  como le llamaron  después sus amigos, produjo asombro, no era frecuente ver allí individuos que lucieran  cuello de pajarita y  corbata negra de lazo de rosa,  menos aun  era escuchar a alguien  declamar,  con la desenvoltura y el énfasis  con que lo hizo”. Quién más  que Manuel puede reflejar el espíritu  libertario de este gran personaje (el  bohemio argentino como le  llamaba Gómez Rojas). Con  enorme nostalgia, por  estar  lejos de las tierras y olores que me unen a ellos, y en modo de homenaje, les presento una pequeña recolección  de poemas, prosa  y  fragmentos, dedicados por  Manuel Rojas  al enorme anarquista   Gómez Rojas,    su querido amigo “poeta cohete”. Esto refleja  parte de su  escritura  más profunda y una critica directa a su obra. Los fragmentos   fueron sacados de Sombras contra el muro (1964) Oscura vida radiante (1971) y  sus  publicaciones en el diario la batalla (1912- 1915).

Oscura vida radiante y sombras contra el muro.

Obra protagonizada por Aniceto Hevia. Visiblemente Manuel plasma desde el fondo de su ser, escribiendo con la sangre de sus recuerdos, la relación personal que tuvo con el movimiento ácrata  en esos años, y su especial relación con J. D. Gomez Rojas. Los sentimientos, la jovialidad y tristeza. Los libros, las charlas literarias, el hambre, los conventillos,  las reuniones a la orilla del Río Mapocho.  Su enorme amistad personificada   como  Daniel Vásquez, el poeta cohete ."sus conocimientos literarios  eran muy superiores a los mios y me dio consejos, que me parece no haber aprovechado, animándome a seguir  un camino que a él le fue  cortado  en plena  repechada".





Sombras contra el muro

“Daniel apareció en una tarde  en el Centro de Estudios  Sociales Francisco Ferrer, muy joven, delgado, moreno, más bien bajo, limpio y casi elegante, aunque su elegancia  consistía sólo en que su ropa, hasta  su corbata  con nudo  de mariposa y  el bigotito  que le hacia juego, eran de color negro. Fue anunciado, por un compañero, como  un poeta revolucionario. Se paró detrás de la mesa, miró hacia  el  auditorio  que lo observaba  con curiosidad, ya que no  era  costumbre  ver aparecer  por ahí  jóvenes de esa catadura, y  leyó. Con voz  que pareció increíble  en un  individuo de sus características, una larga  y detonante  tirada de versos. Las palabras, las rimas, las metáforas, resonaron,  contras las paredes de  adobe revestidas  de apenas  una capa de cal,  como truenos.
-Este es el Poeta Cohete – Murmuró el pintor.”


Oscura Vida Radiante


“Daniel, el poeta que el pintor Gilbert llamara El Poeta Cohete debido a la explosividad de sus versos, lo había metido entre las palabras —igual cosa había hecho con Gutiérrez—. “Con las palabras y nada más que con las palabras y algunos signos, se puede hacer prosa y se puede hacer poesía, es cuestión de saber usarlas, relacionándolas entre sí por medio del significado y el sonido, el color y el carácter. Tú debes escribir prosa —dijo a Gutiérrez— y reproducir, por medio de las palabras que elijas, lo que ves, lo que te sugiere eso que ves y lo que sientes: aquí tienes esta carretela: su caballo, el carretelero, el chicuelo que lo acompaña, todo hay que describirlo. Si el caballo anda, sus herraduras producen sonidos. Debes reproducirlos. A la vez el tiempo es fresco o caluroso, el cielo está limpio o nublado. El rostro del conductor acusa un estado de ánimo. Deberás captarlo y relacionar las circunstancias físicas y de cualquier índole que le sirvan de marco”; y así, hablando y caminando durante cinco horas, el poeta Daniel insufló a su joven amigo el afán de, por lo menos, averiguar si todo era tan fácil; a Aniceto le habló de otras cosas, en la noche, aunque con la misma finalidad, diciéndole cómo, por medio de las palabras, las poco independientes palabras, pues pertenecen al cabrón y al historiador, al policía y al ladrón, al alcahuete y al héroe, se puede hacer de todo: se puede, podría él, Aniceto, expresar todo lo que sentía en sí mismo, lo que pasaba en él y por él, la impresión que le  causaba todo, absolutamente todo, porque nada escapa al que está despierto y puede sentir; no es necesario que describas, el poeta no debe describir, sólo debes decir lo que sientes ante algo y por algo, y si no puedes describir puedes sintetizar, por medio de comparaciones, la impresión que lo que sientes o ves o has visto te causa; si encuentras las palabras adecuadas y los elementos exactos que deberás usar para las comparaciones y las frases, habrás dado con el secreto, porque es un secreto que no todos pueden conocer; todo lo que existe en el mundo y el hombre o la mujer ven, todo lo que se dice que existe y nadie ve, es útil, y si sabes tratarlo con las palabras debidas serás un buen poeta, llegarás a ser un buen poeta; y Aniceto no preguntó para qué servía un buen poeta; le pareció que, primero, había que intentar serlo, y aunque Daniel no habló las mismas cinco horas que había hablado con Gutiérrez, pues habló menos, unas cuatro y media, fue bastante: Aniceto quedó con el diablo de las palabras adentro y escribía, peleando con ellas, poniéndolas y sacándolas; era un trabajo difícil, pero tal vez en eso estaba el encanto; escribía toda vez que podía, y podía bastante; sin embargo, al revés de Gutiérrez, que empezó escribiendo introspecciones, él empezó hablando de asuntos que nada tenían que ver con él, de seres y cosas que no conocía o que no tenían valor alguno para nadie, es decir, valor comercial; algunas ni siquiera existían en el país; era un juego, apasionante juego, y estaba lleno de él, lleno de palabras, de luces, de colores, de sonidos, de intenciones. Era esa su perspectiva, no valía gran cosa, pero era una. ¿Adonde llegaría? No lo sabía ni le importaba.”

“Gutiérrez, por su lado, andaba siempre con una cara mustia: le habían destrozado no sólo la imprenta, le habían destrozado también la Federación de Estudiantes. Además, sus amigos de la Federación estaban presos o escondidos. No tenía con quién conversar ni dónde trabajar, nada, y siempre daba a su compañero las peores noticias: Juan está escondido, Santiago está preso, estaba escondido también, pero salió de su escondite y lo agarraron, Pedro..., etc.; pero cuando dijo a Aniceto que Daniel, el maestro de ambos, estaba preso también, aquél no le creyó:
—¿Por qué va a estar preso? Es radical y los radicales acaban de
ganar una elección presidencial.
—¿Quién te ha dicho que Daniel Vásquez es radical?
—Así lo creo desde hace tiempo.
—Estás equivocado: Daniel es de la I.W.W.
El linotipista quedó con la boca abierta, asombrado.
—¿Daniel era, es, de los Trabajadores Industriales del Mundo?
¿Anarcosindicalista ?
—Por supuesto, uno de los secretarios de la directiva, junto con
Juan.
—¿Y por qué está preso?
—¿No lees el diario en que trabajas?
—No. Salgo tan cansado que no tengo ánimo de nada, ni de leer
un diario.
—Te vas a embrutecer si sigues ahí. La policía de Investigaciones
hizo lo que ha hecho muchas veces: urdió un complot terrorista, con
cartuchos de dinamita y todo, y lo colocó en la I.W.W. Están presos todos,
Daniel entre ellos.
—¿Y no has ido a verlo?
La cara de Gutiérrez se desencajó un poco”
“Un amigo común, Bernardo, un joven judío que estudiaba Medicina, le dio la idea de ir a visitar a Daniel en la Penitenciaria. La tarde anterior habían comprado entre los dos algo para llevar al poeta preso: cigarrillos, azúcar, café, té, y hoy, que era día domingo, día de visita en ese lugar en que “acaban muchos guapos”, como dice la canción, irían a visitarlo. Encontró a Bernardo en el centro, tomaron un tranvía y se fueron conversando. Era un día espantoso, un domingo helado, nuboso, y unas ráfagas como de hielo lo dejaban a uno tiritando.
—¿Qué has sabido de él? —preguntó Aniceto.
—Malas cosas. Parece que se ha puesto a pelear con el Ministro en
visita que ha nombrado el Gobierno, un viejo carajo, y éste lo tiene entre
ojos.
—¿Qué le ha dicho?
—Cuentan que el Ministro le preguntó si era anarquista. Daniel le respondió de una manera que irritó al vejete: “No tengo, señor Ministro, suficiente disciplina moral para pretender ese título, que no mereceré nunca.” ¿Te das cuenta? El viejo se enfureció y le contestó: “Usted aparece complicado en uno de los más graves delitos que pueden cometerse en una república: atentado contra la seguridad interior del Estado.” ¿Sabes lo que le contestó Daniel?
—¡No! Dilo, por favor.
—Le dijo, encogiéndose de hombros: “¡No hagamos teatro, señor
Ministro!” ¡Puchas! El viejo casi se cagó de rabia; Lo mandó al calabozo, de vuelta. Está furioso con Daniel. Aniceto hubiera podido reír, celebrando a su amigo, pero no tenía ganas de reír, peor aún, temió por Daniel: algunos verdugos no perdonan al que es, delante de ellos, arrogante, orgulloso, ni siquiera hermoso moralmente; buscarán aplastarlo, hundirlo, afearlo, para eso
han sido creados, para acabar con todos los que no son como ellos.
“Magallanes”, que viajaba a Punta Arenas. Había que embarcar. Y como si el pito hubiese sido tocado para llamar a un vendedor de diarios, un muchacho apareció corriendo en el muelle, voceando varios periódicos. Alguien lo llamó y Aniceto compró uno y miró su primera página. Casi se echó a llorar: anunciaba la muerte de Daniel. Decía: “Quien conoció a Daniel Vásquez, quien lo trató y supo lo que su alma deseaba y sentía, sufriría la misma sorpresa que nosotros al imponerse de que había sido encarcelado por subversivo. ¡El poeta delicado siempre, a veces pesimista, el autor de estrofas a la vida y al amor, tildado de tenebroso y confundido en una celda con el ratero vulgar y con el asesino analfabeto! Y así como nos extrañó su  encarcelamiento, por lógica, de la situación que se presentaba para Daniel Vásquez, recibimos la noticia de su locura con mayor dolor pero con menos extrañeza. Aquel cerebro que en compañía
de las musas voló a regiones de belleza y de bien, se le emparedaba con torpeza y naturalmente se le hacía estallar....”


Periódico Anarquista la Batalla

Medallón
A José Domingo Gómez Rojas
1914

Quisiera  en una gema  de oros bizantinos
con mis manos  de artista  perfilar tu cabeza
y engastar  los diamantes de tus alejandrinos
en el joyel  de ensueños  de tu blanca tristeza
En el vaso  de plata algún  templo pagano
-decorado con ricas  y finas miniaturas-
yo  grabara  la euritmia  de tu perfil romano
y escanciara  la esencia  de todas tus locuras.
Y juntando  mis gemas, mis joyas y mis vasos
en un raro soneto  de tembladores pasos,
Yo te los ofreciera  como un regalo presente;
Y así grabado en alma, con  diamante  y con oro,
seria como un astro mi medallón sonoro,
enjoyado en el mármol moreno de tu frente.


Rebeldías Líricas (critica  de Manuel Rojas)
                                                                                                                    Mayo 1913

 Con el titulo que me sirve de epígrafe para estas líneas, hechas con apresuramiento, ha  aparecido  el opúsculo de poesías de D.G Rojas, nuestro buen compañero de redacción
 La poesía que me dedica en el  libro y los datos de amistad  y de lucha que me  unen a él, me imposibilitan, casi,  para hacer un juicio critico del libro
Sin embargo- y haciendo a un lado  a esta señora parcialidad que a toda fuerza quiere colarse  en este artículo- diré algo de lo malo  que le  encuentro al folleto.
1        lo que más afea  a la obra son los dibujos, que –dicho sea en  engrandecimiento de la verdad- son bastantes malos
2        luego viene esa manía de Rojas de que a  todos los que les  dedica  poesías, los hace  comulgar, sino con una persona, con  un algo.
“a Gilberto que comulga con Federico Nietzsche; a Guevara  que comulga con natura; a Silva que ha comulgado  con las muchedumbres”
Esa dedicatoria a Silva y Lillo yo no la habría puesto, aunque me la hubieran pedido
No es porque  Silva y Lillo  sean más grandes, como dijo alguien (y si han ido más lejos, fue, porque empezaron primeros), sino porque no les importa  nada de lo  que diga Gómez en su folleto
Al decir de D.Rojas  en las poesías  que ha escrito a Silva últimamente, como es “Oda a la bandera”, “ Romancero Naval”, no se ve en ellas el mismo nervio, ni la misma sinceridad  que el autor  de  “La nueva Marsellesa”, “Bajo el sol de la pampa”, o “ El derrotero”
Lillo, ese cantor de  una raza  como le llama Rojas, y cuando la matanza de Forrahue, no fue  capaz de protestar (¿por qué?), es un patriota y uno de los que cree en el progreso, la civilización  y otras mentiras  son buenas y verdaderas.
Y Rojas  rompe lanzas en contra de la patria, el progreso   y la “edad  moderna”
Y se comprende  que no estará   muy de acuerdo con él
Eso es todo lo malo que encuentro  en el opúsculo de poesías de Rojas, nuestro buen compañero  de redacción.
Si en las  poesías hay forzamiento en el ritmo, no lo sé. Me parece que no.
Si en los temas hay poca originalidad, tampoco lo sé.
Sólo sé que grandes   poetas  como ser: Chocano, Rubén Darío, Bórquez Solar, y otros han escrito  todo sobre  el mismo tema variando solamente la métrica. El ritmo y las palabras.
Se objetará  que esos grandes poetas. ¡Que lo sean! No por eso estarán exentos de faltas

Por lo demás Rojas lo creo un poeta, del cual  se esperan  buenos frutos
Sus gritos del alma, son sinceros. Quizás lo sean demasiado. Varios han dicho  que su rebeldía es vaga, sin razón  y éste demuestra  muy poca sicología  en el que dice. Poco conocimiento de la vida y de las almas.
Yo que he visto muchos que fueron más rebeldes  y que lo son, sin haber sufrido mucho, niego eso.
Yo me quedo creyendo que Rojas  llegará a ser  buen poeta
Rojas me parece  un concepto muy  simpático. A los  que estimen  su crítica, les diré  que no hay que ser verdugos con las flores que nacen.
¡Y allá va un grito de aliento  para el hermano que dentro  de poco, se unirá más y  más  a mí, que hoy digo  lo malo que tiene su libro!
Eso es todo lo que tengo que decir de Rojas, nuestro  buen compañero de redacción

Y para finalizar este breve homenaje al gran Poeta Cohete, qué mejor que  un poema donde muestra la savia de la libertad, cólera de rabias y sentimientos

Fantasía sobre la estatua  Misere

1912, Rebeldías líricas, José domingo Gómez Rojas.




Y al ver ante mi le mármol que impregna la tristeza, comprendí toda injusticia humana  y comprendí  que existía la miseria. Y vi , ante mis ojos  desfilar  las visiones mas horrendas: esas que arrancan jirones del alma esas que crispan la inerte materia… y vi con angustias infinita el arrabal inmundo y su laceria; las vírgenes  vi en los duros lechos  reclinar sus cabezas ; vi mujeres  gemir en el vil parto de crueles bajezas y las vi lamentarse  y vi al verdugo infame que las veja, y al rico que las viola  y abandona al olvido , al dolor y a la pobreza. Y yo vi desfilar ante mis ojos. horrorizados de ver tal escena, niños semidesnudos y hambrientos que marchaban mas tarde a 1as tabernas que eran después carnada de hospitales , o bien de cárceles crueles y horrendas y comprendí el porque hay algunos que odian a1 que enseña.
Y vi la explotación  de os inicuos , vampiros de un secta , parásitos infames que corroen , la sociedad moderna y a1 ver yo con dolor la hipocresía a mi alma toda invadi6 la pena...Siguieron las visiones…y yo vi desfilar larga caterva de obreros miserables que las Urbes humanas hacen bestias: y vi rudos mineros, los que esforzados bregan por extraer el oro a las montañas, fecundas de la tierra; y yo vi a los obreros asesinos que marchan a la guerra ¡pobres que van a defender  la Patria  y que nunca han sabido lo que es ella, pues solo han ido a defender terruños o trapos viejos que es de ricos esa patria  y que la patria de ellos es la tierra!
Ellos no saben  que los trapos viejos de la Patria  no son el sacro emblema, por la patria  para ellos no existe, y si existe la patria que es aquella que los vampiros  negros llaman fieros - ¡La humanidad: Quimera!...
Y vi los sacerdotes de los cultos falsos, hipócritas de la modestia, y cual visión fatídica vi la raza plebeya, la que sufre y no sabe  que su Patria es la tierra  y que  su emblema  hermoso es el gran  cielo azul con sol y estrellas!...
Y vi marchar  cual  fieros asesinos, al compás   de una música de guerra, obreros llenos de odio  para dar muerte a hermanos en la guerra y profanar con sangre la faz bendita de la madre tierra.
Y vi caer el plomo de cañones la carnada…
Después vi la  osamenta fecundando  la tierra do sus  hijos  para otros han de producir  riquezas;  y yo vi con el dolor del alma toda esa raza plebeya que marcha hacia los campos de batalla a matar a sus hermanos de miseria…
La visión se deshizo antes mis ojos, pero  no la tristeza  y cuando abrí mis húmedas pestañas y vi a la pobre, moribunda  vieja, - ¡ Esa es la sociedad actual!- me dije, la sociedad moderna, la que es toda  laceria y la que es cual sepulcros blanqueados llenos por dentro de larvas infectas.
Y cuando vi   la chica que tirita  y busca tibieza, me pareció la juventud. La Pléyade de revolucionarios que a levantarse empieza  y que  ha de apostrofar a los  que explotan  con el rudo anatema, con el desprecio vil  de la horca y la vergüenza.
Y mire por vez ultima la estatua que impregna la tristeza, aquella estatua que el dolor humano quiso llamar “miseria”  y que expresa el dolor de los que sufren y que de dolor  es: Todo poema!
Y como bello símbolo mire a lo lejos la estatua “quimera” ¡OH la aurora se acerca! ¡Futuras rebeliones, el toque del clarín vibrante suena! ¡Yo sé que un día  el triunfo se entonara al vibrar de Marsellesas!


Funeral del Poeta 1920



  


jueves, 27 de septiembre de 2012

José Antonio Emmanuel: La anarquía explicada a los niños∗

José Antonio Emmanuel: La anarquía explicada a los niños

…Débiles y pequeños, los niños son, por eso mismo, sagrados…”
Eliseo Reclus

Este folleto está escrito para contestar a la pregunta que nos han formulado varios camaradas: ¿Cómo educaré a mis hijos? Pregunta que ya esperábamos y a la que respondemos ateniéndonos a los dictados de la Razón y de la Ciencia.
Dedicado a los hijos del proletariado español, esperamos que, estas páginas –modestamente escritas– orientarán la educación de nuestra infancia en un sentido verdaderamente renovador.
NiñosA los padres y a los maestros nos dirigimos para que –en el hogar y en la  escuela–  propaguen  las  sanas  doctrinas  de  una  educación  donde  se destierre todo fanatismo y se aspire a libertar a la infancia de la nefanda opresión que sobre ella se ejerce.
Por culpas de unos y otros, la educación ha quedado estancada en un marasmo de servidumbre, de la que debe salir redimida y reconfortada.
Sean estas breves páginas estímulo para todos.
EL GRUPO EDITOR
La Anarquía explicada a los niños
A los Hijos del Proletariado Español
I
¿QUÉ ES LA ANARQUÍA?
ANARQUÍA, queridos niños, es la doctrina que no conformándose con la organización que se ha impreso a la humanidad, desde los tiempos en que empezaron a crear la Sociedad, intenta dar una constitución a la vida basada en los principios sacrosantos del amor universal y de la solidaridad humana.
Su misión es hacer cesar la desigualdad reinante entre los seres que los divide en pobres y ricos, explotados y explotadores, esclavos y dominadores. Que la Vida sea tal cual debe ser: la libre manifestación de las facultades, la espontaneidad de los actos, la liberación final destruyendo las causas que se oponen a que la sociedad se base en la más plena libertad y en la más absoluta independencia.
Entre las causas que la Anarquía quiere destruir por considerarlas nocivas y perjudiciales al desarrollo libre del individuo y de la colectividad puedo enumerar las siguientes para que no olvidéis nunca que, al combatirlas, laboramos por el bienestar de todos.
El MILITARISMO es la fuerza armada de que se valen los que se han apoderado de la vida, para imponer sus injusticias y cimentar sus maldades. Esta fuerza no retrocede ni ante el crimen; arma a los seres entre sí, los lanza contra los que, como vosotros, como vuestros padres, vuestros hermanos, han hecho del trabajo una virtud. Cuando nos rebelamos a este modo de proceder, cuando nos alzamos contra la injusticia que con nosotros se comete, caen sobre  nosotros.  No  contentos  con  querernos  destruir,  suscitan  guerras, diezman la humanidad, y los crímenes se amontonan en el camino que recorremos.
La anarquía opone a esta fuerza bruta, la Paz. El anarquista no quiere la guerra, se opone a la guerra, ansía la paz, porque es el punto fundamental de su doctrina salvadora. Considera a todos los seres hermanos; no quiere fronteras que nos separen, sino corazones que se fundan en un solo amor: la emancipación  total  y  absoluta  de  los  seres  humanos.  Las  armas  del anarquismo es el libro, es el trabajo, es la palabra. Con éstas combate la fuerza organizada del militarismo y con ellas triunfará sobre los carniceros y devoradores de hombres. Con el libro, con el trabajo, con la palabra llama a todos, haciéndoles ver que sobre la fuerza bruta se alza la fuerza de la idea cuyo triunfo final no puede discutirse.
El CLERICALISMO es la farsa de que se han rodeado los usurpadores de la vida para demostrar que sus imposiciones, sus tiranías, sus opresiones son justas y agradables a un “dios” que se han forjado para revestir de bondad sus actos. Con este “dios” se dirigen al corazón de los creyentes, y rodeándole de un fausto y un lujo inusitados en los templos que le han erigido, dirígenle oraciones y preces para hacer creer a todos que son los directores de la vida, los organizadores de la vida, y que la sociedad constituida cae en pecado de no seguir a este dios, los mandatos de este dios, las tiránicas órdenes de este dios. Sobre todo, se apodera de vosotros, queridos niños, para atemorizaros con los fabulosos tormentos de un infierno y los goces de un cielo que habéis de ganar supeditándoos a los que representan a este dios en el mundo. A los que no le siguen, a los que se apartan de ellos asqueados y rebelándoseles, los declaran “enemigos” y frente al poder de su dios, a la omnipotencia de su dios, crean el demonio que tienta al hombre, a la mujer, a vosotros mismos condenándonos a penas eternas de un fuego infinito.
Para afianzarse, para asegurar su dominio en el mundo y sobre todos los seres, llama en su auxilio al militarismo que tiene organizada la vida en ejércitos dispuestos a hacer triunfar el principio divino. La Anarquía opone a este poder omnímodo, a este poder absoluto, a esta potestad terrorífica, la cultura por la Ciencia. La ciencia, que es el ordenado conocimiento de la vida, descubre las leyes porque se rigen los mundos y la sociedad; investiga que todo lo atribuido a dios, lo innato a dios, es falso y erróneo; que sólo existe una ley que derroca la ley divina, que destruye la omnipotencia divina: la ley natural del progreso humano. En virtud de este progreso se llega fácilmente a contemplar la vida en toda su pureza; que la tierra no es la morada de dios, ni el templo de dios; que el ser humano no tiene origen divino, sino que aparecimos en el mundo en virtud de hondas e incesantes transformaciones evolutivas en el organismo animal hasta llegar a nuestra especie; que el fin del mundo tampoco está sujeto a los providenciales destinos de dios, sino que la ciencia fija su fin de un modo racional y de acuerdo con las leyes naturales.
La Anarquía destruye las religiones porque son absolutistas, despóticas, crueles y sanguinarias. Y contra ellas quiere preservaros, queridos niños, para que os rebeléis al temor de ser condenados, al miedo de ser castigados, al placer de ser premiados.  El  castigo  y  el  premio  sólo pueden  existir  en la sociedad burguesa creada por los religiosos y los militarizantes. Sólo existe una recompensa: la del deber cumplido con la Vida, de ser útiles a los semejantes y de coadyuvar a implantar la nueva sociedad donde no existen odios, ni rencores, ni clases, ni vanidades, ni tiranías.
El CAPITALISMO es la sociedad organizada en el egoísmo brutal y antihumano, detentando el poder absoluto sobre la humanidad que produce y trabaja, aprovechándose del esfuerzo común para crear riquezas y privilegios sin  los  cuales  no  podría  vivir.  Erige  un  poder  para  sostenerse,  funda  los estados, divide a los hombres en naciones; sus tentáculos se clavan en las entrañas de la tierra para sacar el dinero que monopoliza y distribuye inicuamente; penetra en todos los ámbitos, desde el taller y la fábrica hasta el acaparamiento absoluto de vidas y haciendas, dicta leyes y las impone para robustecerse y consolidarse; señor absoluto de las existencias, no repara en medios para desnaturalizar el trabajo, atribuirse la producción, regularizar la vida a base de la usurpación y la violencia. Amo y señor del organismo social, tiene al “clericalismo” porque le ayuda en sus nefandos designios y cuenta con el “militarismo” porque le sostiene y le sirve de apoyo. Quiere que su “ley” sea acatada y obedecida por todos: cuenta para ello con los sicarios y escribas para hacerla cumplir. A esto llama su mandato: a esto da el nombre de poder.
Pero la Anarquía, queridos niños, se levanta contra este modo de concebir la vida y se rebela a esta manera de organizar la existencia. La Anarquía aspira a suprimir todas estas causas que sumen a la humanidad en el letargo del opio. No quiere estados que, por el solo hecho de existir, llevan en sí  desigualdades  irritantes  e  injusticias  cruentas.  Al  dinero  opone  el  libre cambio de productos; al trabajo remunerador para los privilegiados, opone el trabajo distribuido a cada cual según sus fuerzas; al egoísmo insano de los poderosos, opone que las necesidades de cada uno sean cubiertas con arreglo a las necesidades de todos. A la ley opresora, opone la ley del amor. Al egoísmo, opone la tesis de que la tierra pertenece al que la trabaja y produce.
Esto es la Anarquía, amados niños. Esto, y mucho más que no puedo explicaros en estas breves páginas, pero el tiempo os irá enseñando y la vida os irá descubriendo.
La Anarquía quiere que investiguéis el origen de todas estas desigualdades, el por qué de todas estas injusticias; que os capacitéis para que comprendáis  que  la  vida  que  vivís,  reflejo  de  la  vida  amarga  de  vuestros padres, no es así, ni puede ser así. La vida es belleza; la vida es la justicia; la vida es la paz y el bienestar.
La Anarquía os pone en el camino de conseguirlo y obtenerlo; y, pues sois los mas débiles, los más inocentes de esta malhadada organización, que sepáis rebelaros a cuanto os oprime y aprisiona. No estáis solos. Hay quien lucha por sacaros de la amargura que os rodea, de las zarzas que hieren vuestras carnes, de los venenos que se filtran en vuestros corazones puros y sagrados.
Estos  no  os  ofrecerán  templos,  ni  os  harán  adorar  divinidades,  ni pondrán el temor en vuestros espíritus, ni corromperán vuestras conciencias encenagándolas con el dolo y el engaño.
Alzad los ojos, mirad a vuestro entorno. La hora de las alegrías sanas, de la felicidad y de la paz llega para vosotros.
La Anarquía acelera esta hora, esta alegría, esta felicidad, esta paz que aún no tenéis.
II
¿CÓMO LLEGAR A LA ANARQUÍA?
La Anarquía, queridos niños, os facilita el camino para llegar a ella. Cuenta con la Escuela, el Sindicato y el Ateneo Cultural. Vamos a explicaros estas tres poderosas fuerzas a las que tendréis que acudir siempre.
La Escuela
Comprenderéis, fácilmente, que no podemos referirnos a la escuela burguesa y reaccionaria en donde hasta ahora os han hecho asistir. Nuestra escuela, la escuela que os ofrecemos, no es la cimentada a base de necias y estultas enseñanzas, sino la escuela racionalista.
Es  preciso  que  sepáis  que  nuestra  escuela  tiene  un  fundamento científico que es el que ha de orientar vuestras vidas. Vuestro maestro, el único tal vez a quien debéis agradecer sus esfuerzos por educaros, definía esta escuela diciendo, que secundaba el desarrollo espontáneo de vuestras facultades  buscando  libremente  la  satisfacción  de  vuestras  necesidades físicas, intelectuales y morales.
He nombrado a Ferrer. Estudiad su vida, seguid su labor y erigidle en vuestro apóstol y guía. A él se debe la escuela racionalista que, para honra de la humanidad, creó en esta España. Desterró de la escuela las tres farsas de que antes os hablaba: el militarismo, el clericalismo y el capitalismo. Hizo penetrar la ciencia en el cerebro de los otros niños que con él se educaban e infiltró la razón en los corazones. Él hizo sagrado vuestro derecho a instruiros y educaros fuera del antro de las viejas escuelas y de los maestros apergaminados. Él desterró de vuestras mentes la idea de la divinidad y la reemplazó por el culto a la justicia y la bondad. Él abrió la cárcel de las ideas para convertirla en lugar agradable y deleitable. Él vio en vosotros lo que la humanidad debe ver en vosotros: el germen de la humanidad nueva.
Honrad a Ferrer siguiendo sus doctrinas redentoras. Era anarquista Ferrer; es decir, luchaba contra las potentes fuerzas clericales, militaristas y capitalistas que convierten la sociedad en un caos informe de ignominia. Así debéis aprender a luchar. Iniciaos en esta doctrina salvadora y de vosotros mismos surgirá el mundo nuevo que estamos construyendo.
Es hora que sepáis que si no os redimís, si no os libertáis en la escuela costará trabajo redimiros y libertaros cuando seáis grandes. La redención debe empezar en vosotros. Por eso, la Anarquía os da la Escuela. Que vuestros maestros se compenetren también de esta altísima verdad. De no ser así, quedaríais abandonados a vuestras escasas fuerzas y, por culpa vuestra, caeríais en brazos de los que esclavizan la vida.
La escuela os ha de enseñar a ser rebeldes, rebeldes de esta sociedad corrompida  y  desgraciada.  Los  enemigos  de  vuestros  padres,  de  vuestros hermanos son y serán los enemigos vuestros. La causa de vuestro malestar y vuestra amargura también pesa sobre los que os dieron el ser y viven con vosotros. Debéis uniros a nosotros en esta lucha santa de la que depende cese, en absoluto, nuestro dolor y nuestra infelicidad.
No os queremos resignados; quede la resignación para los maestros burgueses y las cárceles escolares que rigen.
La escuela que os da la Anarquía es la de la libertad.
Hay tres libros que os ayudarán a conseguirla. Tres libros que han educado a tres generaciones. Tres libros que deben quedar en vuestras escuelas como guiadores y conductores de vuestras vidas: El dolor universal, La Conquista del Pan y La Montaña. Sus autores son tres luces que aún brillan: Sebastian Faure, Pedro Kropotkine y Eliseo Reclus. Estos tres nombres no los olvidéis. Al llegar a los doce años no pueden faltar en la biblioteca que iréis engrandeciendo. Ellos os darán a conocer las causas de vuestros sufrimientos, el origen de vuestra esclavitud en el trabajo, los gérmenes de la vida y de la existencia, la historia de la tierra. En ellos aprenderéis a vencer las dificultades que se os presenten en la lucha, la fortaleza para resistirla y la esperanza en el porvenir. Que sean vuestros primeros pasos en la vida: báculo preciado para vuestro progreso.
El Sindicato
La Anarquía, una vez salidos de la Escuela, no os podrá dejar abandonados. A medida que crecéis, a medida que avanzáis –ya jóvenes–, os hace continuar la lucha acrecentando vuestra rebeldía. Os dio una escuela para que supieseis y conocieseis el mundo en que vuestros ojos se abren; os hizo ver la desigualdad, os mostró dónde radica el egoísmo, dónde está la maldad, dónde se oculta nuestro eterno enemigo. Os lo mostró, os lo hizo ver para que os preparaseis a combatirle y derrotarle.
Conseguido esto, abre las puertas de otra organización: el Sindicato. Si en la infancia tuvisteis una escuela, en la juventud no os faltará otra: la escuela del proletario.
Los mismos enemigos que os cercaron de niños, los mismos enemigos os cercan ahora. Precisa un organismo de lucha, un hogar a donde acudáis a refugiaros para recobrar la fe, para robustecer el ideal y centuplicar las fuerzas que debéis acumular para la batalla decisiva y final. Las mismas angustias, las mismas amarguras que os asediaban de niños, os asedian de hombres. Entrad en él; cobijaos en él. Unidos todos, identificados todos, resistiremos mejor. Sed fieles  y  solidarizaros  con  el  compañero,  hermano  vuestro  en  lucha  y  en rebeldía.
Esta nueva escuela –escuela de la vida–, no la abandonéis. Junto a vuestros padres, seguid luchando por un mundo mejor.
El Ateneo
Para que en esta lucha titánica no perdáis ni la fe, ni el entusiasmo, la Anarquía os brinda una tercera escuela donde se practica la lucha por la cultura. Son los Ateneos libertarios, complemento de los Sindicatos, guiadores de los Sindicatos, conductores de los militantes.
No sólo es la lucha por el mejoramiento material la que debe unirnos, es también la lucha por la cultura la que debe solidarizarnos. Aquellas ansias que sentíais en la escuela por adquirir conocimientos, aquí las debéis continuar, ensanchándolas, aumentándolas, intensificándolas.
Ya veis, pues, como la Anarquía vela por vosotros, queridísimos niños.
III
¿CÓMO HACERNOS DIGNOS DE LA ANARQUÍA?
Para que os identifiquéis con la Anarquía, para que dignifiquéis vuestra vida, debéis cumplir estos postulados ácratas.
§ 1. Ayuda
No te desentiendas jamás de los que luchan como tú, de los que sufren como tú. Son hermanos tuyos. En la escuela los tuviste a tu lado. Ahora, los tienes en el taller, en la fábrica, en las minas, aún sedientos de justicia. Dondequiera que veas un hermano tuyo, ayúdalo. Por encima de las fronteras alzadas por los privilegios, tiende tu mano a todo el que es víctima de la sociedad actual burguesa.
§ 2. Apoya
Al que vacile, infúndele alientos; al que se desespere por ver lejano el triunfo, dale ánimos. La ayuda mutua es un deber sagrado y universal.
§ 3. Copia lo bello
No imites lo perecedero, lo efímero. Todos los males, ahuyéntalos y aléjalos de ti: son aún la herencia de la imperfección humana a que estamos encadenados. Por encima de este caos de ignominia, levanta tus ojos a la belleza de la Vida.
§ 4. Labora
Todo es trabajo en la naturaleza y tu misión es contribuir, en la medida de tus fuerzas, a la perfección de este trabajo, No te resignes a ser siervo de la máquina, ni esclavo del músculo. Dignifica el trabajo, embellécelo, purifícalo.
§ 5. Estudia
Que el libro sea tu mejor amigo, tu consejero, tu guía. Nunca sabremos bastante. Quien añade ciencia, añade anarquía. Investiga por ti mismo, aclara los misterios que te rodean. Instrúyete, edúcate. Esta es la única herencia que debes dejar en la Vida.
§ 6. Ama
La ciencia no pone piedras en el corazón. Un amor puro y humano hace penetrar en nosotros. Por alejados que estén, por distanciados que se hallen, cada ser es un amado nuestro.
§ 7. Protege
Quien mucho ama, mucho ayuda. Al ser débil, protégelo. Al anciano, al inválido, al enfermo, nos une mucho más amor porque son débiles. Ese pobre anciano que ves, fue fuerte como tú, valeroso como tú; ese doliente inválido también fue como tú. Piensa que puedes ser como ellos; piensa que el trabajo burgués te envejecerá y te enfermará. ¡Protégelos!
Piensa en los que no están con nosotros: en los presos; Por luchar, por defendernos, no tienen libertad. ¡Acuérdate de ellos!
§ 8. Cultiva
La tierra es tu madre; el campo es tu sustento. Sazonados frutos y óptimas  cosechas  recogeremos  si  los  cultivamos.  No  dejes  ninguna  tierra estéril. Da a la tierra el cuidado que necesita para que te alimente y te haga vivir. En el mundo ideal, siembra ideas, esparce pensamientos, escribe y acciona. En el mundo real, que la semilla caiga en toda la tierra que, bien abonada y preparada, fecundará la semilla y la convertirá en flor y en fruto.
§ 9. No tengas esclavos
Aspira a ser libre y que las ansias de tu libertad abrase a todos. No esclavices a nadie. Ni pájaros, ni ningún ser viviente puedes encerrarlos impunemente. Abre las puertas de todas las jaulas, lima las rejas de todas las cárceles, donde –como el pájaro enjaulado– seres humanos sufren y padecen. Sé libre y haz libres, contigo, a los demás. Abre las puertas de tu corazón para que salgan de él todos los vicios, todos los defectos que lograron filtrarse. Sé libre y sé puro: ni tengas esclavos, ni te conviertas en esclavo.
§10. Trabaja
Trabaja y lucha la Anarquía te dice. Antes te dijeron: Trabaja y reza. Deja los rezos, deja las oraciones. Sólo hay una oración que no debes olvidar nunca: la del trabajo. Trabaja por el bien de la Humanidad, para que cesen los dolores, para que terminen los sufrimientos, para que la amargura se aleje para siempre. Sé feliz en una humanidad feliz. Sé libre en una humanidad libre.
Esto es la Anarquía, queridos niños. ¡Bienaventurados, vosotros, si la comprendéis y la practicáis!
Empiece, pues, para vosotros la visión de una vida nueva de purezas y bondades.


∗  Portal OACA 
∗  La anarquía explicada a los niños.    Barcelona,    Ediciones    BAI,    1931    (Tip.    Cosmos),    15    p.    (Bibl.    Internacional,    6),    20    cts.

“La Lucha de Clases”, por Ricardo Mella

Presentamos ahora a Ricardo Mella,  (1861-1925) teórico anarquista de España, pedagogo, topógrafo de profesión (con ello se ganaba la vida) e influyente militante, sobre todo con sus ideas, de los primeros años de la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Según cuenta Jose Prat, amigo personal y compañero de luchas, ya en septiembre del 1900, Mella acudió al Congreso Revolucionario Internacionalista de París, donde presentó su memoria  ”La cooperación libre y los sistemas de comunidad”, esbozando no sólo una idea del sociedad porvenir, sino también demostrando los enormes aportes que la teoría puede ofrecer a la práctica concreta del ideal anarquista.
En 1911, Ricardo Mella participa en el Primer Congreso de la CNT, representando a Asturias. De ahí que, reconociendo su enorme aporte al ideario ácrata, hayamos agregado dos textos más a nuestras lecturas por el Primero de Mayo: el primero es su recordado libro “Los Mártires de Chicago”, dedicado a estudiar las causas y consecuencias de los acontecimiento de 1886, y, segundo, su artículo “Primero de Mayo”, que presenta una lectura muy actual de la forma en que se desenvuelven anualmente los primeros de mayo.
El texto que acá citamos, “La Lucha de Clases”, es una visión crítica a dicha forma de entender las luchas sociales, recalcando el lugar de la óptica libertaria y la dificultad que significa situar al anarquismo dentro del escueto análisis de “clase”: hay algo más allá de todo eso. En efecto, el texto concluye con una claridad tajante:
Por eso nosotros, anarquistas, podemos y debemos decir: «La revolución que nosotros preconizamos va más allá del interés de tal o cual clase; quiere llegar a la liberación completa e integral de la humanidad, de todas las esclavitudes políticas, económicas y morales».
Una refrescante lectura de un clásico del anarquismo. Una insistencia, a su vez, del pensamiento radical anarquista.

“La Lucha de Clases”, por Ricardo Mella.
No se puede sostener una razón en nuestros días que la contienda social se encierre en los términos de lucha de clases.
El socialismo contemporáneo arranca, es cierto, de la afirmación rotunda de esa lucha, y en el espíritu exclusivista de clase se amparaba y se ampara. Mas en el correr del tiempo, la evolución de las ideas se ha cumplido y estamos muy lejos de las murallas chinas que partían, por gala, en dos a la sociedad humana.
A la hora presente, hay más socialistas y anarquistas en la clase media modesta que en las filas del proletariado. Los obreros, en general, permanecen inconscientes de sus derechos, dormidos para las aspiraciones emancipadoras, interesados a lo más por pequeñas y discutibles ventajas de momento. Los militantes obreros del socialismo y del anarquismo son, por lo regular, gentes escogidas por su ilustración, por sus gustos, por su peculiar intelectualidad. Pero fuera de esa pequeñísima minoría, el socialismo y el anarquismo tienen el núcleo principal y más numeroso de sus adeptos en el mismo seno de la burguesía. La literatura social, el libro y el folleto de propaganda, están hoy en todas las bibliotecas modestas o suntuosas de la clase media, mientras faltan en la inmensa mayoría de las casas obreras. A cuenta de nuestros tiempos puede abonarse el éxito enorme de la literatura social en estos últimos años, y ha sido precisamente la pequeña burguesía quien ha coronado con el más brillante triunfo los esfuerzos del proselitismo.
En el terreno de los intereses, las líneas fronterizas se borran cada vez más. Es difícil señalar dónde acaba un particularismo y empieza otro. Las luchas sociales agitan y suscitan una multitud de cuestiones imprevistas; entrelazan y mezclan los más opuestos bandos, y provocan fuertemente antagonismos inesperados, que cambian por completo la faz de las cosas. Una simple huelga que comienza interesando únicamente a un oficio cualquiera, conmueve a lo mejor la sociedad toda, generalizándose la contienda; se dividen o se juntan las opiniones, se exasperan los egoísmos, se exaltan las pasiones, y a veces, lo que proviene de una insignificante diferencia de dinero o de tiempo, se trueca en profundo problema de ética, que galvaniza y sacude fuertemente todas las energías humanas.
Por otra parte, la misma organización capitalista ha producido un cierto sedimento de rebeldía fuera del campo societario y socialista. No sólo las ideas de emancipación aprendidas en el libro, en el periódico o en el mitin, sino también el anhelo, el vivo deseo, casi la voluntad firme de emanciparse ha surgido entre la numerosa clase situada entre la espada del obrerismo y la pared del capitalismo. Abogados, médicos, literatos, artistas, ingenieros, pequeños industriales y comerciantes, todos los que viven a la burguesa sin el dinero que posee la verdadera burguesía, sienten el socialismo más vivamente que muchísimos obreros, y si bien no se suman al movimiento de emancipación, si no militan en las filas de la revolución, hacen más ellos por la difusión de las ideas que la mayoría de los que se dejan llamar socialistas sin entender una palabra del socialismo. Acaso el atavismo de clase pese sobre ellos; pero indudable es también que del otro lado hay todavía parapetos y reductos que no permiten penetrar en la fortaleza a quien no conozca bien la contraseña. Acaso también sucede que la manera socialista obrera, que tiene mucho de exclusivista, mucho de mecánica y mucho de rebaño, no cuadra bien a gentes a quienes interesan más las cuestiones de idealidad que el magno problema del pan. Porque de cualquier manera que sea, y nos referimos ahora a la pequeña burguesía inteligente, estudiosa y trabajadora, estos elementos sociales habituados al individualismo ambiente, no se conforman de ningún modo con el régimen de disciplina y ordenancista del socialismo autoritario, ni tampoco con las osadías del anarquismo y riñe de frente con todo lo estatuido. Hay una solución de continuidad que imposibilita por el momento la formación de un gran núcleo social, pronto al asalto y a la batalla decisiva por el provenir presentido.
En los mismos movimientos obreros suele ocurrir que una huelga determinada despierta grandes simpatías entre las clases medias, mientras la masa general de los obreros la ve con indiferencia, o una parte de esa misma masa traiciona a los luchadores.
Poco a poco va infiltrándose en el socialismo, cualquiera que sea su manera, la tendencia a los movimientos de interés general como la huelga de los inquilinos, la fiscalización del peso del pan y de la calidad de los alimentos, la resistencia y la fabricación de productos nocivos, etc., etc.
Todos estos hechos y otros que pudiéramos señalar hacen patente el decaimiento del espíritu de clase y nos muestran que el campo de lucha se ensancha por momentos. Y es que a la postre, aun cuando el materialismo histórico sea el punto de partida, aun cuando sea la seguridad del pan para todos la gran cuestión de las cuestiones, toda contienda humana acaba necesariamente en una cuestión de ética, de idealidad, por lo mismo que acaso lo de menos para la mayoría de los hombres es la satisfacción de las necesidades materiales.
Toda la cuestión social, todo el sentido íntimo del socialismo, genéricamente hablando, se reduce a esto: a asegurar a todos los hombres la vida material para que puedan desenvolverse moral e intelectualmente de un modo tan libre como indefinido. Representa así la más alta y la más noble de las aspiraciones que haya podido formular la filosofía.
Por eso nosotros, anarquistas, podemos y debemos decir: «La revolución que nosotros preconizamos va más allá del interés de tal o cual clase; quiere llegar a la liberación completa e integral de la humanidad, de todas las esclavitudes políticas, económicas y morales».
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(*) Texto publicado originalmente en Tribuna Libre, núm. 3, Gijón, 8 de Mayo de 1909. Extraído de Ideario, Ricardo Mella.

                        por Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas