martes, 28 de mayo de 2013

Flores Magón y Zapata - Lema Tierra y Libertad (contacto directo de dos libertarios)



ENTREVISTA A NICOLÁS T. BERNAL

Píndaro Urióstegui Miranda



PREGUNTA
¿Ricardo Flores Magón tuvo contactos con Zapata?

RESPUESTA

Ricardo Flores Magón dejó al frente de Regeneración a Blas Lara. Este era un cantero que un día estaba sentado en una banca frente a la catedral de Guadalajara cuando a su lado se sentó un joven estudiante de leyes, en aquella época, Roque Estrada. Se pusieron a platicar y Roque Estrada le propuso que reuniera algunos obreros compañeros de trabajo, de distintos gremios, para darles unas conferencias sobre sociología. Blas Lara reunió canteros, albañiles, carpinteros, ebanistas, etc., que recibieron las clases de Roque Estrada.

En estas clases surgió la idea de publicar un periódico que se denominó, a iniciativa de Roque Estrada, Revolución Social, que atacaba al gobierno de Porfirio Díaz.

Con este motivo, por órdenes del vicepresidente Corral, a través del Ministro de Educación y Justicia, Justo Sierra, fue suprimido.

Algún tiempo después Blas Lara se dirigió a Los Angeles y se puso en contacto, por indicaciones de Roque Estrada, con los Flores Magón, pues el periódico Regeneración lo había conocido en la casa de pensión en que vivía Roque Estrada.

Al entrar a Estados Unidos trabajó como peón en varios lugares y entró en contacto con Flores Magón colaborando con éste en el periódico Regeneración hasta llegar a hacerse cargo del mismo.

Blas Lara tenía un amigo de nombre Magdaleno Contreras, conocido de Flores Magón quien sugirió que se estableciera contacto con Emiliano Zapata.

Ricardo envió a Magdaleno Contreras a ver a Zapata para que le manifestara que ellos veían con simpatía su movimiento.

Esto sucedió en 1912 cuando Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa estaban presos en la isla McNeil frente al Estado de Washington.

Contreras habló cordialmente con Zapata y le dijo: usted es un hombre limpio, sincero que está peleando por los campesinos, pero va a llegar un día en que usted y Madero rompan.

Zapata repuso: he tenido pláticas con Madero y me ha ofrecido arreglar el problema de las tierras.

Posteriormente Madero le ofreció una comida a Zapata y en los postres lo llevó a un lugar separado de los asistentes y le dijo que se imponía el desarme, pues por los Tratados de Ciudad Juárez se había comprometido a realizarlo. Zapata le contestó a Madero que mientras no se resolviera el problema de la tierra no depondría las armas. Madero entonces le propuso a Zapata que aceptara una hacienda para él en el Estado de Veracruz a lo que repuso Zapata: yo no estoy peleando por haciendas, además de que aquí es mi tierra. Esta proposición tenía por objeto desarraigar del Estado de Morelos a Zapata.

Después vino el rompimiento de Zapata con Madero, porque éste insistía en que aquel guerrillero suriano desarmara a su gente pero le respondió: mire, usted es el caudillo de la Revolución, usted me está ofreciendo esto y esto otro, pero también me están atacando, usted como el caudillo y presidente provisional debe imponerse, teniendo el respaldo de todos nosotros.

Lo que hizo Madero fue licenciar a su ejército. Ahí está el caso de Donato Bravo Izquierdo, a quien Madero llamó para indicarle que se imponía el licenciamiento, pero Donato nada más se calló. Madero le dijo: cíteme a todos en el cuartel en donde estará la comisión ante la cual se rendirán.

Lo que hizo Bravo Izquierdo fue decirle a los demás: yo no me rindo, allá ustedes si quieren hacerlo.

¡Claro, nadie se rindió!

PREGUNTA
¿Entonces, lo que quería Flores Magón es que Zapata se identificara cada vez más con él?

RESPUESTA

No, que siguiera identificándose cada vez más con los campesinos, no con él; que siguiera luchando por las tierras que era la gran aspiración del pueblo mexicano y eso nadie lo representaba mejor que Zapata. ¡Qué gran caudillo; era muy hombre!


PREGUNTA
¿No querría Ricardo Flores Magón imponerse sobre Zapata como su jefe, como su mentor?

RESPUESTA

¡No, nada de eso quería Ricardo! lo único que deseaba era estimularlo para que siguiera luchando por el ideal agrario.

Después de Magdaleno Contreras, Ricardo mandó a José Guerra, que fue quien le llevó el lema: Tierra y Libertad.

Este era hijo de un coronel federal, que mientras su padre estaba luchando contra los revolucionarios, él estaba con los revolucionarios luchando en contra del grupo de su padre.

José Guerra ya tenía tiempo de tener contacto con Flores Magón, era un muchacho muy activo.

Ricardo, que se encontraba en la cárcel, mandó a Guerra con Zapata para decirle que siguiera luchando por la tierra y ahora que ya se había dado cuenta de que Madero no podía resolver el problema de la tierra, no le quedaba más que seguir adelante; por eso le mandó el lema que consideraba más adecuado. Zapata lo aceptó con gusto y quitó el que había hecho con Otilio Montaño y que adoptaron en el Plan de Ayala: Justicia, Libertad y Ley.

Mientras tanto, Madero tenía preso a Villa; ¿qué cla8e de amigo era Madero? Villa siempre dio la cara por Madero y cuando se fugó de la penitenciaría, le mandó una carta en donde le decía: hasta aquí se oye que le van a dar a usted un cuartelazo; Madero no lo creyó. Antes del mes ya lo habían dado.

Posteriormente, Ricardo continuó teniendo nexos con Zapata a través de Jesús María Rangel, a quien un día le expresó: dígale a Flores Magón que se venga conmigo, que aquí ponga su periódico; ¡pero e8 que Flores Magón está preso -le dijo Rangel- y no puede venir!

Pero no crea que sólo Madero pidió el arresto de Ricardo Flores Magón, también lo hizo Carranza.

Como le decía antes, Ricardo se encontraba en la prisión de McNeil en el Estado de Washington, de donde salió hasta 1914, para venirse nuevamente a Los Angeles y seguir con el periódico Regeneración.

En 1916, Carranza pide el encarcelamiento de Ricardo por ataques que éste le había hecho a través de su periódico, debido a que un0s mexicanos fueron muertos en Texas.

Flores Magón protestó por eso, afirmando que Carranza no lo hizo, con tal de conseguir, como lacayo, el reconocimiento de Wilson.



Puedes encontrar la  entrevista completa aquí

ENTREVISTA A NICOLÁS T. BERNAL

lunes, 20 de mayo de 2013

El socialismo de George Orwell - Ángel J. Cappelletti



George Orwell, cuyos inicios literarios nos remiten a una colección de «versos cristalinos» y a «la densa y elaborada prosa de la novela Burmese Days un tanto decadente y con su punta de naturalismo a la Huysmans» (según expresión de Giorgio Monicelli), se convirtió en época bastante temprana de su vida en un escritor socialista.
En Down and Out in Paris and London refiere con desenfado y no sin un grano de humor sus experiencias entre el «lumpen» y entre los trabajadores más explotados de las grandes urbes (lavaplatos, cocineros, etc.). En Keep the Aspidistra Flying narra las angustias del joven poeta Gordon Comstock, que aborrece el dinero y al mismo tiempo se ve obligado a perseguirlo sin cesar, que sufre por su pobreza pero se resiste a integrarse en la sociedad burguesa mediante un good job.
El amplio ensayo The Road to Wigan Pier analiza, con estilo colorido pero con rigor que llamaríamos sociológico, si esto no fuera entre nosotros sinónimo de aburrida minuciosidad, las condiciones de vida y de trabajo de los mineros ingleses de los años treinta. Por momentos uno cree encontrarse en estos libros con esa interpretación «economicista» del marxismo tan frecuente, a principios de siglo, entre los socialistas que no habían podido sustraerse al positivismo y al cientifismo mecanicista. Pero esto tiene una fácil explicación en la crisis económica iniciada en 1929, con su secuela de desocupación, pauperismo, bajos salarios, guerras coloniales, etc.
Cuando Orwell quiere explicar su idea del socialismo, enseguida advertimos que está tan lejos de reducirlo a una lucha por el salario como de postular un capitalismo de Estado. Más aún podemos notar que, por una parte, no se hace demasiadas ilusiones con el parlamentarismo laborista y, por otra, intuye con claridad las similitudes entre stalinismo y fascismo.
Sin embargo, antes de su viaje a España y de su activa intervención en la lucha armada contra los ejércitos franquistas, Orwell mantenía relaciones más o menos cordiales con el Partido Comunista inglés y sus escritos eran acogidos y favorablemente comentados en la prensa del partido y en el Daily Worker. La experiencia española, brillantemente narrada en Homage to Catalonia y lúcidamente comentada en sus cartas a Geoffrey Gorer, Cyril Connolly, Stephen Spender y otros, significó para él no un cambio sustancial pero sí una nueva y vigorosa redefinición de sus ideas socialistas.
Cuando, a fines de 1936, Orwell decide viajar a España para escribir una serie de artículos sobre la guerra y la revolución, lleva consigo credenciales del Partido Laborista Independiente (ILP), este partido desprendido del tronco del laborismo, incluía tal vez entre sus militantes a algunos trotskistas, pero de ninguna manera podía considerarse un partido trotskista. En realidad, lo más parecido a él desde el punto de vista ideológico era el viejo Partido Socialista Independiente alemán. El grupo de militantes del laborismo independiente inglés que había ido a luchar a España (a los cuales se agregó Orwelll, se incorpora, a fines de enero de 1937, a las milicias del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Este partido, pequeño pero muy combativo, reunía a un grupo de comunistas de izquierda antiestalinistas. Tampoco era un partido trotskista (el mismo Trotski lo hizo blanco de sus críticas en más de una ocasión), pero para el Partido Comunista stalinista todo grupo o individuo que se llamara marxista y revolucionario sin acatar los úkases del nuevo zar rojo era trotskista y, por consiguiente, social-fascista y colaborador de Hitler y de Franco.
Orwell, que nunca estuvo afiliado al ILP y, desde luego, mucho menos al POUM, se vio así enfrentado al Partido Comunista stalinista. Aunque reconocía en los poumistas muchos méritos (como su falta de dogmatismo sectario y su tolerancia), aunque coincidía parcialmente con su línea ideológica y con su estrategia política, tampoco puede decirse que hubiera una plena identificación con ellos. Él mismo admitía que su adscripción a las milicias poumistas se debió en buena parte al azar. Si al llegar a Barcelona hubiera podido elegir, con conocimiento de causa, entre los varios partidos y organizaciones que luchaban allí contra el fascismo, sin duda hubiera elegido a la CNT, es decir a la organización anarcosindicalista.
En unas notas inéditas, escritas en Marruecos en 1939, dice:

En aquellos momentos tenía sólo una vaga idea de las diferencias entre partidos políticos que habían sido encubiertas en la prensa inglesa de izquierdas. Si hubiera conocido bien la situación, seguramente me habría alistado en las milicias de la CNT
Sería, sin duda, ilegítimo inferir de aquí que Orwell llegó a ser anarquista o anarcosindicalista y que su socialismo se convirtió simple y llanamente en socialismo libertario. Pero es indudable que su concepción de un socialismo revolucionario, no parlamentario, pero absolutamente consustanciado con la libertad, que sostenía desde sus años juveniles, se vio reforzado en España por el contacto con la teoría y la praxis anarcosindicalista.
Y es indudable también que el culto heroico a la libertad, valor inescindible de la justicia, por parte de los anarquistas españoles conmovió no sólo sus concepciones de pensador izquierdista, sino también su sensibilidad de artista y de poeta. A la luz de esta experiencia revolucionaria y no, en modo alguno, a la mortecina luz de la democracia burguesa, como estúpida o interesadamente pretenden hoy los ideólogos de la derecha yanqui, deben leerse tanto Animal Farm (1945) como 1984 (1948). Pero no menos estúpida e interesada es la interpretación de los escritores del Pravda, según los cuales la sociedad anticipada por Orwell en esta última novela corresponde a los Estados Unidos de América. Cualquiera que conozca la vida, las ideas, las obras y la correspondencia del escritor inglés se da cuenta fácil e inequívocamente de que el modelo que éste tuvo ante sus ojos al pintar el monstruoso Estado del Gran Hermano no es Estados Unidos ni siquiera la Alemania de Hitler (que en 1948 todos creían definitivamente muerta), sino la Rusia de Stalin, a la cual le ha negado ya la condición de país «socialista».
Es obvio que la anti utopía prevé la extensión del modelo soviético stalinista a todos los países del mundo y que una de las tres grandes potencias (donde la acción precisamente se desarrolla), Oceanía, es la Inglaterra del futuro, pero el Arquetipo del Estado totalitario  –y entiéndase bien, antisocialista– es, para Orwell, en 1948, la Rusia de Stalin, si bien no duda que pronto copiarán el Arquetipo la Inglaterra de Churchill y los Estados Unidos de Truman.
¿Cuál es, para él, la utopía socialista que puede oponerse a la anti utopía de 1984? Sin duda, la España revolucionaria de 1936, la de las colectividades industriales y agrarias autogestionadas, la del POUM, pero, sobre todo, la de la CNT-FAI.
Publicado en Polémica, n.º 13-14, octubre 1984.

Ángel J. Cappelletti


miércoles, 15 de mayo de 2013

DE QUÉ SE NUTRE LA ESPERANZA, por MANUEL ROJAS

Todo ser humano, por miserable que sea su condición, tiene una esperanza, pequeña o grande, noble o innoble, inalcanzable o próxima, pero esperanza al fin. Una parte de su ser vive en y de esa esperanza, se alimenta de ella y en ella.

Hay días en que esa esperanza amanece reducida al mínimo, misérrima, espantosamente misérrima. Sus posibilidades de realizarse se han alejado o destruido y el ser humano piensa y siente que más valdría que esa esperanza muriese y con ella aquella parte de su ser que vive de ella y en ella, que se alimenta en ella y de ella y que en esos momentos ni se alimenta ni vive, pues está miserable, tan miserable como la esperanza misma.

Pero el hombre tiene, además, otra esperanza: la de que han de venir días mejores para la suya. La deja, entonces, así, pequeña, entumecida, raquítica, y espera; rechazarla sería rechazarse a sí mismo, matarla equivaldría a matar lo que él más estima en sí mismo.

Hay veces en que el ser humano espera vanamente: su esperanza muere en él, tan marchita como él. Otras veces, en cambio, en aquella raíz casi podrida hay un rebrote, un rebrote que puede morir al poco tiempo o que puede traer otros y otros, fuertes y erguidos, apretados de savia, casi agresivos de vitalidad. El ser humano se siente entonces como debe sentirse un rosal en septiembre: pleno, próximo a estallar incapaz de resistir la ola de vida que asciende y circula por sus venas. La esperanza está próxima a convertirse en realidad.

Se ha esperado mucho tiempo, han transcurrido muchos días, terribles y amargos días, días de silencio, días en que se prefería no recordar que se tenía esperanza, días de rencor contra aquellos que impedía su desarrollo, días de desprecio para lo que pudiendo vigorizarla, no la vigorizaba. Días de desprecio, en fin, para sí mismo. ¿Cómo se pudo poner una esperanza en manos tan inhábiles, entregarla a dedos tan torpes, a fuerzas tan inútiles?

Todo aquello, sin embargo, no fue en vano: aquí está la esperanza, rebrotando con una fuerza que produce miedo, con una que está casi más allá de nuestra capacidad de soportarla. Es triste, claro está, muy triste que una esperanza se nutra de hombres muertos, de ciudades rendidas o destrozadas, de incendios, de sangre y de exterminio, pero no siempre le es dado al hombre elegir la materia con que se nutrirá la esperanza.




Revista "Babel"
N° 46. Santiago, 1948.